“Itzhel Razo me ha sorprendido gratamente dos veces. La primera, como espectador. Ya sea que encarne seres que frecuentan la memoria de un personaje o a las tres hijas de Lear sintetizadas en un sólo cuerpo, su interpretación manifiesta un alto riesgo creativo y, al mismo tiempo, un dominio técnico notable. Me ha sorprendido por segunda vez como colaboradora. He encontrado en ella una cómplice que no teme entregarse a la investigación de una técnica ni descubrir las complejidades de un personaje o las paradojas de un discurso. Itzhel Razo posee una cualidad poco habitual aunque indispensable en todo artista escénico: la capacidad de comprometerse con lo desconocido.”